Jesus Christ Prison Ministry

JUICIO

“Porque es necésario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” 2 Corintios 5:10.


Para la mayoría de los cristianos el juicio es confundido e mal comprendido. Para comenzar este segundo volumen de “Cambia Tu Vida Bíblicamente” trataremos de encapsular cada tema con el concepto de juicio. Cuando entendamos juicio, tendremos una mejor comprensión de nuestra salvación y de nuestro papel en ella.

¿Cuándo es el juicio? ¿Cuántos juicios hay? ¿Debo temer el juicio? ¿De que se trata todo esto?

Primero, necesitamos entender qué es un “juicio”. En pocas palabras, es una declaración de bien o mal. Es la decisión de alguien que hace una determinación sobre algún tema o actividad. Si un oficial te pare y te da un boleto por exceso de velocidad, él te ha juzgado como un quebrantador de la ley. Usted entonces vas a la corte y pedir al juez que haga un juicio (decisión) a su favor. Usted quiere que el juez dicte que no estabas yendo con exceso de velocidad y que quita ese boleto de su historial.

Si se te acusa de un delito mayor, te vas a la corte y trata de probar su inocencia. Quieres que el juez o el jurado pronuncien un juicio a su favor. Quieres que te declaren inocente.

Lucifer ha dirigido la acusación contra todos nosotros como “Quebrantadores de la Ley” y merecedor de la muerte, igual que él. Debemos esperar gozar del “Día del Juicio” cuando podamos estar en la presencia de Cristo, no en nuestro valor, sino porque hemos aceptado el valor y las obras de Cristo como nuestro. Esto se hace mediante la obediencia a Sus mandamientos. Entonces Él nos juzgará inocentes. Alabado sea el Señor.


Hay programas de televisión que muestran procedimientos judiciales. La fiscalía y el acusado están ante el juez y cada uno da su versión del relato. Basados en archivos, fotografías y testimonios, cada lado intenta persuadir al juez de que lo que están diciendo es la verdad.


Después de escuchar todos los argumentos que se presentan, el juez debe tomar una decisión. El juez debe considerar la evidencia y decidir cuál es el juicio correcto que debe tomar. Si la Corte Suprema de los Estados Unidos dicta ese juicio, esa decisión es definitiva. No hay un tribunal superior para presentar una apelación. Cada lado debe vivir con las consecuencias de esa decisión.


Pero vamos a retroceder un poco y poner todo esto en perspectiva. Hay tres fases en un asunto judicial. Al mirar cada uno comenzaremos a ver la justicia de Dios y Su amor al no querer que nadie perezca. Veamos el sistema de justicia aquí en América y veamos si podemos hacer algunas comparaciones entre lo que podemos ver y lo que no podemos ver.


Lo primero que debe suceder para que una investigación comience es un dedo apuntando. Alguien debe hacer una acusación en su contra.


Investigación




Después de la acusación, las autoridades deben comenzar a anotar e investigar todo sobre tí que relaciona a la acusación. Esto se llama el “Juicio Investigativo”. Alguien ha hecho un juicio contra usted, y ahora las autoridades deben investigar el asunto.


Esta investigación puede durar días, semanas, meses o incluso años. Hay muchas investigaciones de drogas que han estado y están en curso durante un período de muchos años. El tiempo no es importante. Obtener la evidencia es. Evidencia que demuestren que las acusaciones son verdaderas o falsas.

Toda la información que se investiga entonces se compila y se coloca en un registro y catalogado para que pueda ser fácilmente referido para su uso futuro. En este punto la investigación está básicamente terminada.


Para entonces el acusado puede estar sentado en una cárcel del condado esperando ser sometido a juicio. Él debe ir ante un jurado de sus coetáneos para responder a los cargos y acusaciones en su contra.


EL JUICIO




La información puede ser presentada a un jurado de dos maneras. Uno es para el acusado esté presente en el momento del juicio, mientras que el otro es que la evidencia sea presentada ante un Gran Jurado.


En el juicio la evidencia es presentada por el acusador, la prosecución, en la luz más odiosa. La prosecución quiere que todos sepan que malo es el acusado. La prosecución toma datos y los presenta de tal manera para hacerle que el jurado cree en la culpabilidad del acusado. La prosecución quiere que el jurado encuentre al acusado culpable.


El equipo de defensa toma las mismas datos y las presenta al jurado de tal manera para que el jurado verá que las acciones no fueron tan malas. La defensa también intenta presentar datos para negar la evidencia presentada por la prosecución.

Después de que toda la evidencia ha sido presentada al juez o jurado, el juez o jurado debe entonces hacer una decisión de culpabilidad o inocencia. Ellos deliberan sobre los datos y dan un veredicto. Si el veredicto es “inocente”, el acusado no tiene que comparecer ante el juez para ser sentenciado. Él es libre para ir.

Si, sin embargo, el jurado o juez considera culpable al acusado, se establece un tiempo para la sentencia. En el momento apropiado, el acusado se encuentra ante el juez y el juez pasa la sentencia.


Ejecución la Sentencia 





El juez ahora entrega su sentencia. Si es un delito mayor, el acusado probablemente irá a la prisión. Si justifica la muerte, el juez sentenciará al acusado a la muerte.


El oficial entonces llevará al prisionero y será entregado al estado para la correcta ejecución de la sentencia que fue dictada por el juez.


Sin los Diez Mandamientos, el Pacto de Amor, para enseñarnos qué el amor es, estariamos encadenados por el pecado y la muerte. Sin los Diez Mandamientos, no podemos, saber cómo amar. Fuimos nacidos en un mundo pecaminoso. Somos enseñados por el mundo las cosas del mundo. Buscamos las normas mundanas. Sin los Diez Mandamientos para levantar nuestros ojos de la conducta de este mundo, nunca podríamos, a nuestro propio, aprender el amor. El amor verdadero viene de Dios. En el amor él dio los Diez Mandamientos para enseñarnos como amar unos a otros y a él mismo.
Bueno, bueno, pero no está lleno el Antiguo Testamento de cosas “ojo por ojo y diente por diente”? Sí y no. Si lees el Antiguo Testamento en verdad, encontrarás que el “ojo por ojo y diente por diente” era sólo una alegoría que ayudó a explicar a la gente lo que la justicia era. No era un ojo por ojo literal; pero simplemente para ilustrar la compensación.
¿No quieres tú la justicia? Si un hombre viola a su hija, o mata a su esposa, roba su televisión y coche, ¿no quieres tú la justicia? ¿No deberiá ser algún tipo de retribución para que el malhechor aprenderá de no lastimar a gente inocente? Eso es todo el “ojo por ojo y diente por diente”, dice. Leelo por sí mismo en Éxodo 21:22-27. Por haciendo esto usted se entienderá que la justicia es sobre todo lo que Dios es. Incluso en el Nuevo Testamento.
Muchos afirman que Dios es más severo en el Antiguo Testamento y más amoroso en el Nuevo Testamento. No, él no es. él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Leer Hechos 5:1-11 – mismo Dios. La razón de tanto derramamiento de sangre en el Antiguo Testamento es que no había ninguna “fuerza policial” para controlar la pecaminosidad del hombre. Entonces las naciones que odiaban a Dios continuaron en atacando a su pueblo. ¿Qué? ¿Supones que Dios sólo va quedar sentando mientras que sus hijos son molestados, heridos y destruidos? ¿Hiciera tú eso con sus hijos si fueron atacados? No creo.  
Nunca debemos juzgar a Dios diferente que juzgamos a nosotros mismos. Tú quieres justicia, también lo quiere Dios. Es hora de dejar de juzgar a Dios y empezar creyendo en él como un Dios de amor a los justos y un Dios vengativo, que busca justicia a los impíos. Tú y yo lo tendría de ninguna otra manera. ¡Queremos justicia! Eso es sobre todo lo que es amor.  “Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad,...” Santiago 2:12.
Sin los Diez Mandamientos, el Pacto de Amor, para enseñarnos qué el amor es, estariamos encadenados por el pecado y la muerte. Sin los Diez Mandamientos, no podemos, saber cómo amar. Fuimos nacidos en un mundo pecaminoso. Somos enseñados por el mundo las cosas del mundo. Buscamos las normas mundanas. Sin los Diez Mandamientos para levantar nuestros ojos de la conducta de este mundo, nunca podríamos, a nuestro propio, aprender el amor. El amor verdadero viene de Dios. En el amor él dio los Diez Mandamientos para enseñarnos como amar unos a otros y a él mismo.
Bueno, bueno, pero no está lleno el Antiguo Testamento de cosas “ojo por ojo y diente por diente”? Sí y no. Si lees el Antiguo Testamento en verdad, encontrarás que el “ojo por ojo y diente por diente” era sólo una alegoría que ayudó a explicar a la gente lo que la justicia era. No era un ojo por ojo literal; pero simplemente para ilustrar la compensación.
¿No quieres tú la justicia? Si un hombre viola a su hija, o mata a su esposa, roba su televisión y coche, ¿no quieres tú la justicia? ¿No deberiá ser algún tipo de retribución para que el malhechor aprenderá de no lastimar a gente inocente? Eso es todo el “ojo por ojo y diente por diente”, dice. Leelo por sí mismo en Éxodo 21:22-27. Por haciendo esto usted se entienderá que la justicia es sobre todo lo que Dios es. Incluso en el Nuevo Testamento.
Muchos afirman que Dios es más severo en el Antiguo Testamento y más amoroso en el Nuevo Testamento. No, él no es. él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Leer Hechos 5:1-11 – mismo Dios. La razón de tanto derramamiento de sangre en el Antiguo Testamento es que no había ninguna “fuerza policial” para controlar la pecaminosidad del hombre. Entonces las naciones que odiaban a Dios continuaron en atacando a su pueblo. ¿Qué? ¿Supones que Dios sólo va quedar sentando mientras que sus hijos son molestados, heridos y destruidos? ¿Hiciera tú eso con sus hijos si fueron atacados? No creo.  
Nunca debemos juzgar a Dios diferente que juzgamos a nosotros mismos. Tú quieres justicia, también lo quiere Dios. Es hora de dejar de juzgar a Dios y empezar creyendo en él como un Dios de amor a los justos y un Dios vengativo, que busca justicia a los impíos. Tú y yo lo tendría de ninguna otra manera. ¡Queremos justicia! Eso es sobre todo lo que es amor.  “Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad,...” Santiago 2:12.