Jesus Christ Prison Ministry

El juicio de Dios

“Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto”. Eclesiastés. 12:14.

Para entender el juicio de Dios, necesitamos seguir los aspectos históricos de Dios y los juicios que Él ha hecho en el pasado. Veáse, hay dos juicios básicos con Dios. El juicio presente, físico; y el juicio eterno, espiritual “Hora final”. Ambos trabajan en el mismo principio: la justicia.

En la Biblia tenemos muchos relatos históricos de Dios en el juicio presente, físico. Basado de estas manifestaciones presentes, físicas, seremos capaces de ver la justicia y la misericordia de Dios en Sus juicios del fin de tiempo. Para empezar, comenzamos en Génesis.

En Génesis, capítulo dos, versículo 17, tenemos a Dios estableciendo la verdad a Adán y Eva, diciendo: “Si comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente moriras”. Esa es la verdad. Ese era el mando. Su vida eterna dependía de una cosa: obediencia.

Cuando ellos pecaron, Dios tuvo que “juzgarlos” y hacer una determinación de su culpabilidad o inocencia y el castigo justo. Él hizo exactamente lo que encontramos en un tribunal de justicia hoy. Él instituyó la primera fase por bajando y “andaba recorriendo en el jardín cuando el día comenzo a refrescar...” Génesis 3:8.

Dios bajó, miró alrededor e investigó la acusación que, sin duda, Lucifer había traído contra ellos. “Ja, ja, - Te desobedecieron, igual que yo. Ahora, ¿qué vas a hacer al respecto?”

Dios descendió y llamó tribunal; Adam, “¿Dónde estás?” Él quería oír su lado de la acusación presentada por Lucifer. Inmediatamente comenzaron a hacer lo que todos los pecadores hacen, se acusan unos a otros o algo más. (¿Recuerdas tu día en la corte?)


Después de investigar y escuchar a ambos lados, Dios hizo Su decisión. Entonces él ejecutó esa decisión por sacándolos del Jardín del Edén.


La siguiente investigación fue una investigación de asesinato. Abel fue asesinado y Dios vino a investigar. A Caín “el Señor dijo: ¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra.” Génesis 4:10. Después de investigar y determinar que Cain era culpable de asesinato, Dios pasó la sentencia y luego ejecutó esa sentencia.



La próxima investigación tuvo que ver con el control de diluvio y ocurrió unos 120 años antes del diluvio. Dios bajó, otra vez, y miró a su alrededor y “vio que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendián siempre hacia el mal.” Génesis 6:5.


Dios investigó, encontró al hombre culpable y luego juzgó: “Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado” Génesis 6:7. Después dar juicio, Él esperó 120 años y luego ejecutó ese juicio.

En cada caso de juicio, Dios siempre provee una forma de escape. Si somos justos, Él nos salvará. “Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios.” Génesis 6: 9. “Entra en el arca, con toda tu familia, porque tú eres el único hombre justo que he encontrado justo en esta generación.” Génesis 7:1.


Dios, siendo el Dios lleno de gracia y misericordioso que Él es, (tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) siempre le da al hombre una manera de escapar. Él da libertad condicional (gracia) a cada hombre y mujer. A todos se les da tiempo para arrepentirse, apartarse de los pecados y regresar en el favor de Dios. Haciendo esto, nos convertimos la justicia de Dios. Dejamos que la perfección, la justicia y la vida impecable de Dios residan en nosotros. Al mantener esa naturaleza divina dentro de nosotros, somos declarados justos y el castigo que fue determinado contra nosotros será eliminado. Entonces seremos perdonados, justificados. Pero si descuidamos una salvación tan grande y nos rechazamos a arrepentirnos, apartarnos de y cesarnos de pecar, entonces la sentencia divina será llevada a cabo y pagaremos el castigo completo por nuestros pecados: ¡muerte! ¡Muerte eterna! (Hebreos 10:26, 27.)



La siguiente investigación tenía que ver con el control de multitudes. Esto se registra en la Biblia como el incidente de la torre de Babel. De nuevo, el “Señor descendió a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo.” Génesis 11: 5. Los hombres estaban tratando de construir un gobierno de “Uno Mundo”.


Dios siempre es justo. Como un padre Él simplemente quiere lo que es mejor para sus hijos. Él no es arbitrario y exigente a nuestra herida. Todo lo que Él hace es para nuestro bueno. Él nos ama. Él no quiere que pequemos, ya que el pecado causa dolor, miseria, sufrimiento y muerte.


Después de mirar alrededor, investigando la escena del crimen, Él determinó que el pueblo era culpable y juzgó: “Fue allí donde el Señor los dispersó por todo el mundo.” Génesis 11:9.  Evidentemente, la obra que Dios hizo en la Torre de Babel fue muy buena. El hombre no necesitó otra investigación por bastante tiempo. Pero de nuevo, el hombre olvidó quién era su Creador y Dios y se volvió malvado. Dios nuevamente tuvo que bajar e investigar.


En Génesis 18 versículos 20 y 21 se nos dice: “Entonces el Señor dijo a Abraham: ‘El clamor contra Sodoma y Gomorra resulta ya insoportable y su pecado es gravísimo. Por eso bajaré, a ver si realmente sus acciones son tan malas como el clamor contra ellas me lo indica; y si no, he de saberlo’”.


Todo el propósito de las investigaciones de Dios son para nosotros, no para Él. Nuestros pecados no tienen efecto sobre Él. Somos nosotros los que nos lastimamos. Al herirnos, entonces lo lastiman a Él. Él bajó a Sodoma y Gomorra porque la gente buena estaba siendo herida por esa gente malvada. Los llantos de los justos eran escuchados y registrados en el cielo. La justicia obligó a Dios a actuar con justicia.

Después de investigar, Él encontró a las ciudades culpables y les dictó juicio en ellos. Entonces Él ejecutó ese juicio. Él hizo una manera de escape para todos los que lo querían. Pero sólo tres aceptaron el modo de escapar.


Toda la Biblia está llena del “bajando” de Dios (Jesús) para investigar, encontrar por lo justo, luego pasar la sentencia y llevando a cabo esa sentencia.


Usando a Israel como Su instrumento de ejecución, Él trajo sentencia sobre los habitantes de la tierra de Canaán. “Cuatro generacíones después tus descendientes volverán a este lugar, porque antes de eso no habrá llegado al colmo la iniquidad de los amorreos.” Génesis 15:16. “Cuando el Señor tu Dios los hayá arrojado lejos de ti, no vayas a pensar: El Señor me ha traído aquí, para tomar posesion de esta tierra por mi propia justicia,” ¡No!, El Señor explulsará a esas naciones por la maldad que las caracteriza.” Deuteronomio 9:4.

Sin embargo, los propios israelitas necesitaban ser disciplinados una y otra vez por su infidelidad. Se negaron a tener fe en, y obedecer, los Diez Mandamientos de Jesús. Mientras tanto, Dios los usó para castigar a las naciones malvadas que los rodeaban que se negaron a cumplir Sus Diez Mandamientos.

Nación tras nación estaba sujeta a la investigación, sentencia y ejecución del juicio de Dios. Al leer el Antiguo Testamento, conocerá mejor los requerimientos de Dios para permanecer fuera de Sus juicios. El libro de Jonás es un buen ejemplo de esto.

Esta disciplina culminó en uno de los juicios más severos de Jerusalén y el templo. En Ezequiel leemos donde Dios vino “del norte” en un carro volador. Dios vino a Jerusalén para investigar, pasar la sentencia y luego para ejecutar juicio contra ella. “Así dice el Señor Soberano: Esta es Jerusalén, que he puesto en el centro de las naciones, con países a su alrededor. Sin embargo, en su maldad se ha rebelado contra Mis leyes y decretos más que las naciones y países que la rodean. Ella ha rechazado Mis leyes y no ha seguido Mis decretos.” Ezequiel 5:5, 6.

“¡Felicitaciones! Por todas las prácticas malvadas y abominables de la casa de Israel, porque moriran por la espada, hambre y plaga.” “Yo te juzgaré según tu conducta y te pagaré por todas tus prácticas detestables ... te pagaré en de acuerdo con su conducta y las prácticas detestables entre ustedes.” Ezequiel 6:11; 7:8, 9.


Jesús vino a investigar, pasar juicio y a ejecutar la sentencia. “Entonces el Señor llamó al hombre vestido de lino que llevaba en la cintura un estuche de escriba y le dijo: ‘Vayan por toda la ciudad de Jerusalén y ponga una señal en la frente de los que se afligen y lamentan por todas las cosas detestables que se hacen en ella.” Ezequiel 9:3, 4.


“Pero oí que a los otros les dijo: ‘Síganlo. Recorran la ciudad y maten, sin piedad ni compasión. Maten a viejos y a jóvenes, a muchachas, niños y mujeres y no dejen a nadie con vida. Pero no toquen a los que tengan la señal, comiencen en el templo. ‘Y aquellos hombres comenzaron por matar a los ancianos que estaban frente al templo. Después les dijo: “Salgan y profanen el templo; llenen de cadáveres los atrios. ‘Ellos salieron y comenzaron a matar gente en toda la ciudad.” Ezequiel 9:5-7. Esta matanza simbólica en el sentido espiritual representaba la muerte física que vendría cuando Jesús envió a Nabucodonosor para destruir Jerusalén y el templo.

de juzgarlo, Jesús montado en su trono de carro, “se elevó que estaba sobre los querubines y se dirigió hacia al umbral del templo ... La gloria del Señor se elevó por encima del umbral del templo ... y se detuvieron en la puerta oriental del templo del Señor. La gloria del Dios de Israel estaba por encima de ellos.” “La gloria del Señor se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el cerro que está al oriente de Jerusalen.” Ezequiel 10:4, 18 , 19; 11:23. (La flecha amarilla apunta a la “Puerta Oriental” como se ve desde el Monte de los Olivos.)


La gloria de Dios estaba siendo rechazada de Su propio templo por las acciones del pueblo. “Y me dijo: Hijo de hombre, ¿ves, las grandes abominaciones que cometen los israelitas en este lugar, y que me hacen alejarme de mi santuario?” Ezequiel 8:6.

Siempre vendrá un día en que el juicio llegará a los malvados. Jesús vino en el tiempo de Ezequiel en un carro invisible para juzgar la maldad de Jerusalén. Entonces Él se fue y se puso de pie sobre el monte que estaba al este de Jerusalén, el Monte de los Olivos, y lloró por su maldad.

Quinientos años más tarde Él vino de nuevo, sólo que esta vez en forma humana visible. Él vino y se puso de pie de nuevo en la misma montaña al este de Jerusalén, el Monte de los Olivos. Allí lloró otra vez sobre Jerusalén, la ciudad que tanto amó. ¿Pero qué podía hacer? De nuevo a él lo expulsaron de Jerusalén con sus malas acciones. “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisisteis! Pues bien, la casa de ustedes va a quedar abandonada.” Lucas 13:34, 35. (Recuerde - fueron los que pagaron diezmos, guardaron el Sábado, la gente que iban a la iglesia que buscaba al Mesías que puso a Cristo en la Cruz).


Así como Jesús dictó juicio a Jerusalén así Él va a dictar juicio sobre todo el mundo. Jesús predijo que Jerusalén sería destruida y que ninguna piedra del templo quederá sobre piedra.


¿Se hizo realidad esa profecía? “Los Romanos establecieron una dinastía local, la casa de Herodes para gobernar la mayor parte de Palestina; Herodes el Grande (r. 40 - 4 a.C.) reconstruyó gran parte de Jerusalén, incluyendo el Templo. Los gobernadores romanos, sin embargo, reteneron el control final. Uno de ellos, Poncio Pilato, autorizó la ejecución de Jesucristo. Mientras que suprimían una rebelión judía mayor, los Romanos destruyeron el segundo templo en el 70 d.C. ... Después de la lucha amarga los Romanos capturaron Jerusalén y quemaron el templo en 70.” (Grolier)


Jesús nos dijo que Él regresará y juzgaría al mundo. Cuando Jesús venga “todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitaran para tener vida, y los que han practicado el mal resucitaran para ser juzgados.” Juan 5:28, 29.

Pedro nos dice: “Por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.” 2 Pedro 3:7.

Pero para que Jesús condene y destruya la tierra y todos los impíos en ella, primero debe investigar los casos de todos los hombres y decidir quién va tener la vida eterna y quién va ser condenado. ¿Cómo hará Él esto? ¿Cuándo hará Él esto y cuál es la “ley” que Él usará para juzgar a toda la humanidad?

Sabiendo que Dios es un Dios de justicia, un Dios de ley y orden, es imperativo que sepamos por qué nuestras vidas serán juzgadas. No escondas tu cabeza en una iglesia y piensa que eres salvo. Las probabilidades son que no eres! Escucha y estudia para que sepas la verdad.